Las cojas

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(Hermanas/ Susana Weingast)


Dos hermanas iban por el mundo.
Una era coja.
La otra fingía que también lo era.
En el camino encontraron arenas movedizas, rememoraron el pasado,
se amaron y se odiaron como se aman y se odian todos las hermanas.
Recorrieron el mundo a pie:
una cojeando
la otra simulando que cojeaba.
Cuando las asaltaba la angustia
hacían el amor con locos y animales
dormían en los parques, se drogaban a escondidas
perdían la razón y volvían a recobrarla.

El mundo rodaba hacia abajo y nada podía evitarlo.
Arriba un dios que duerme plácido, aquí los hombres que disparan.
En el desierto de sus vidas:
dos criaturas soñando con ir al Bryant Park de picnic.
En su interior una sabía que nunca iría.
La otra no imaginaba que en poco tiempo allí se haría una foto.

Dos hermanas iban por el mundo
La mayor era coja.
La otra fingía porque no sabía hacer otra cosa que fingir para sentirse amada.
Y mientras la enferma preparaba la cama
acumulaba las pastillas
compraba el incienso y dejaba listo todos los papeles,
la otra preparaba su fiesta de cumpleaños.
La última a la que su hermana iría
a mostrarles a todos su cojera.


© Rosa Silverio 2009
Todos los derechos reservados

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Luz

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Empieza a clarear
una luz se filtra por los visillos de la casa.
El día me espera
y yo no estoy lista.

© Rosa Silverio 2009
Todos los derechos reservados

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La gran perdedora

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(Ophelia, John Millais)

Yo, la gran perdedora
la que siempre levanta las manos
para celebrar a otros
el hilo de seda que nunca se rompe
este animal que se niega a salir de su jaula
la pobre loca de la casa
la mosca atrapada en el telar

Yo, la más infeliz de todas
le ruego a las Moiras
que acaben conmigo.

® Rosa Silverio
Todos los derechos reservados

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Asalto poético al Parque Duarte

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Recientemente los miembros originales del grupo literario Tinta Fresca decidimos realizar un “asalto poético al Parque Duarte” cuyo único requisito era llevar libros para donar e ir con un sombrero, boina, gorra, peluca, pañoleta o con “pájaros en la cabeza” como diría Ismael Serrano. La actividad consistió en ir al parque con libros de nuestra propia autoría u otros que quisiésemos donar para ponerlos ahí y todo el que pasara pudiese llevarse uno, pero uno nada más, de esa manera garantizábamos que mucha gente tocara libros y que además la persona se llevara uno que realmente le interesara. En el evento también leímos poesía, se cantó y hasta se dijo un manifiesto poético a cargo de Rafael P. Rodríguez, presidente del Club de los Poetas sin Importancia, quien estuvo presente y se gozó como nadie la actividad.

Todo surgió cuando a mí se me ocurrió la idea de donar algunos libros míos que tenía en casa, pero como no quería ser la protagonista de la actividad, la hicimos más genérica e invitamos a todo el mundo a unirse a esto, en especial a escritores y otros artistas. En realidad fue una convocatoria modesta pero nos alegramos del apoyo recibido, del entusiasmo de la gente, de que no quedara un solo libro, de que el evento fuera un éxito y la pasáramos súper bien.


¡Viva la lectura y la poesía!


Rafael P. Rodríguez, presidente del Club de Poetas sin Importancia, leyendo su manifiesto.

Gregorio Espinal leyendo su poesía.

El músico Alejandro del Mar Binet y la actriz María Ligia Grullón.

La artista visual y escritora Judit Fernández.

Ro leyendo su poesía.

Una joven leyendo en el parque.

Un señor que se quedó a escuchar las lecturas y las gozó.

Magdiel Núñez leyendo su poesía.

El músico, diseñador y escritor Emmanuel Breton cantando.

La actriz y poeta Yanilsa Cruz leyendo su poesía.

Argénida Romero leyendo un poema de su libro Mudanzas.

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Locura

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Este animal que llevo dentro
que abre sus fauces
me muerde
se alimenta de mí
me enflaquece, me drena
ejerce su poder cuando le da la gana
y actúa como un dios sin consultarme
Este animal que llevo dentro
y que me rasga las paredes de la casa
desordena todas mis habitaciones
ha roto todos los floreros
ha triturado todos mis poemas
y se ha apropiado sin permiso de mi lecho
Este animal que llevo dentro
al que no puedo combatir con ningún arma
esta fiera que intento sacarme cada día
que es mi amante, mi sal y mi verdugo
en pocos años, estoy segura, terminará devorándome
y condenándome a la muerte.


© Rosa Silverio 2009
Todos los derechos reservados

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Esta época cruel me ha desviado

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Quiero compartir con ustedes, de manera muy especial, un poema de la poeta rusa Anna Ajmátova, una de mis escritores preferidos. Cuando lo leí pensé que así como Anne Sexton escribió que Sylvia Plath le había robado su muerte, Anna me había robado las palabras y el tema, porque este texto representa en toda su dimensión lo que estoy sintiendo ahora.

Y no me importa decirlo así, con total franqueza, con transparencia, en lugar de dibujarlo o intentar esconderlo, de disfrazarlo para que ustedes no piensen que se refiere a mí cuando en realidad así es. Vivo mi vida metida en mi escondrijo, protegiéndome del dolor y del daño. Ser susceptible y sensible a las cosas no es una virtud en mi caso. Así que he construido mi propio búnker y desde la soledad intento seguir respirando aunque la mayor parte del tiempo quisiera dejar de hacerlo.

Hoy me siento una anciana. Siento que he vivido miles de años. Estoy cansada de ser esa mujer de la que existen decenas de leyendas urbanas, esa mujer que no entiende el amor y ama, que no lo busca y lo encuentra, que no sabe cuál es la verdad de todo pero cree haberla hallado.

Hoy ha sido un día difícil. Al final no he podido evitar la caída. ¡Y cuántas veces más he caído! Ya estoy acostumbrada. Llevo conmigo muchas heridas y cicatrices. Pero no es cuestión de hacerse la víctima. Así es el mundo: cruel, injusto y duro. Y yo tengo que estar a la altura, apañármelas, como diría mi querida Ajmátova.

Así que ahora voy a dejar de llorar y voy a afrontar mi realidad: esta época cruel me ha desviado y por más que lo intento no consigo enderezarme. Seguiré mi encorvada caminata por esta absurda vereda y viviré los días que ya me han sido contados.


Esta época cruel me ha desviado
Por: Anna Ajmátova

Esta época cruel me ha desviado
como a un río fuera de su curso.
Desviada de las riberas familiares,
mi cambiante vida fluyó
a un canal hermano.
Cuántos espectáculos me perdí:
el telón alzándose sin mí
y cayendo también. Cuántos amigos
que nunca tuve la oportunidad de conocer.
Aquí, en la única ciudad que puedo llamar mía,
donde caminaría dormida sin perderme,
cuántos cielos extranjeros pude soñar
que no rendirían testimonio a través de mis lágrimas.
¡Y cuántos versos fui incapaz de escribir!
Sus coros secretos me acechan
muy de cerca. Un día, acaso,
me estrangularán.
Sé los comienzos y también los finales
y la vida-en-la-muerte y alguna otra cosa
que mejor será no recordar ahora.
Cierta mujer
ha usurpado mi sitio
y usa mi verdadero nombre,
dejándome sólo un apodo
con el que he procedo lo mejor que he podido.
La tumba a la que vaya ya no será la mía.
Pero si pudiera salir de mí misma,
y contemplar a la persona que soy,
sabría, por fin, qué es la envidia.

(Leningrado, 1944)

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Comentarios

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Apreciaré su comprensión y paciencia.

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Argénida Romero: “La poesía es un camino que elegí para mi búsqueda”

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A mediados de este año la poeta Argénida Romero presentó su primer poemario Mudanzas, publicado por el sello editorial Letra Gráfica. En el acto que se hizo tuve la oportunidad de conversar con la autora sobre este “parto literario”, su visión poética, su formación literaria y el contenido de su libro.

Para que la conozcan mejor, les cuento que Argénida nació en Venezuela pero desde niña reside en República Dominicana, país que considera su patria. Es periodista y escritora. Egresada de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Actualmente labora en el periódico digital Diario Libre.

En 1999 obtuvo una mención honorífica en la tercera entrega del Concurso Literario "Gastón Fernando Deligne", auspiciado por la Secretaría de Educación. En el año 200o obtuvo el primer premio de poesía en la XXXIX edición del Concurso Literario de Navidad, que organiza el Obispado de Nuestra Señora de la Altagracia, en Higüey. Durante varios años participó del grupo literario Aída Cartagena Portalatín del Ateneo Insular. Varios poemas de su autoría han sido publicados en las antologías del movimiento interiorista. Recientemente fue finalista en el I Premio de Poesía Puente de Letras, con su poema titulado 13.

La autora comparte su trabajo literario e inquietudes humanas a través de su bitácora El diario de la Rosa.

Cuéntame sobre tus inicios literarios, cómo surge tu interés por la literatura.
Mi interés por la literatura inició desde muy niña con la lectura. Como todos los demás niños, jugaba y hacía mis travesuras, pero los libros me atraían mucho y leía cualquier cosa que llegara a mis manos. De ahí nació mi deseo de narrar, cosa que no se me dio tan bien y que finalmente me dirigió a la poesía.

La poesía fue un descubrimiento de mi adolescencia. Bécquer fue la puerta. Tuve la suerte, porque en este sistema educativo hay que tenerla, de haber tenido profesores muy receptivos que me hablabana de literatura y lograron que se acrecentara mi interés. No puedo dejar de mencionar a una en especial: Milagros Segura. Fue la primera persona que motivó mi escritura.

Hablemos un poco sobre los autores, las obras, estéticas y temas que te interesan trabajar.
Autores…muchos y muchas. No tengo la costumbre de leerme toda la obra de escritor de un solo tirón por lo que he saltado de uno a otro. Creo que he sido más influenciada por la narrativa que por la poesía. Entre mis autores preferidos están Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano (su prosa es tan poéticamente humana), Fiódor Dostoievski, Guy de Maupassant, Virgilio Díaz Grullón, Margarite Yourcenar, Virginia Woolf… y muchos otros.

En poesía: Mario Benedetti, los hermanos Machado (Antonio y Manuel), Alfonsina Storni, Sylvia Plath, Pedro Salinas, Jeannette Miller, Jaime Sabines, Mariano Lebrón Saviñón, Ángel González, Julia de Burgos, entre otros tantos y tantas. En los últimos meses he estado descubriendo poetisas como Gioconda Belli, la premio Nobel Wislawa Szymborska, y a Idea Vilariño.

En cuanto a la estética siento una gran preocupación por trabajar la musicalidad y las metáforas en poesía. La musicalidad la defino como esa magia que enciende la chispa adecuada en las palabras de cada verso y hace que el lector siga un ritmo que lo lleva a la esencia del poema. También me llama el aspecto de la construcción de metáforas, de cómo las palabras se pueden unir en un poema para crear una imagen y convierte a ciertos versos en inolvidables y únicos. Sobre las temáticas puedo decirte que todo es materia prima para la poesía.

Mudanzas es tu primer poemario y me llama la atención el título. ¿Cuál es el vínculo entre el título y los textos que aparecen en el libro?
No existe un vínculo literal, más bien es un lazo sentimental. Mudanzas evoca al sentimiento de cargar, de llevar a cada lugar eso que descubro ser cuando estoy conmigo o con los demás o cuando veo lo que me rodea. Cada poema de este poemario es como un mueble que fui llevando a un cuarto vacío y allí fui acomodando a mi gusto... una mudanza.

En tu poemario se siente que hay una especie de búsqueda de la autora hacia sí misma. ¿Hasta qué punto esa búsqueda toca a la artista? ¿Sientes que todavía estás buscando tu voz o que ya la has encontrado?
El camino de todo hombre y mujer es la búsqueda. ¿De qué? Es difícil definirlo, puede ser la felicidad –a partir de lo que cada quien entienda como eso- la comodidad material o la paz espiritual, o todo a la vez.

La poesía es un camino que elegí para mi búsqueda, que en cierta manera –y pienso que le pasa a mucha gente- se convierte en un espejo que devuelve cada día un reflejo distinto. Por eso puedo descubrir a diario una voz distinta dentro de esa voz total que soy. Así que supongo que los espejos seguirán reflejando y las voces seguirán surgiendo.

En este poemario están presentes temas como el amor, la huida, la monotonía, el silencio, la preocupación social, pero sobre todo la distancia, la separación y las cosas inconclusas. ¿Por qué vía llegan hacia ti estos temas?
La única vía es la vida. Siento esas cosas porque vivo y soy un ser humano contradictorio, una mujer compleja, una “humanita” llena de preguntas.

En un libro con una atmósfera tan íntima, tan persona, encontramos un par de textos con preocupaciones sociales. Me refiero a In Memoriam, dedicado a los héroes de nuestro país, y Constancia, en donde hablas sobre el poder, la compra de conciencia y ese círculo vicioso de la corrupción en el que todos giramos y al que nos hemos acostumbrado porque ya forma parte de nuestra cotidianidad. Atendiendo a esa inquietud social tuya, me gustaría saber cuáles son las cosas que en concreto te preocupan. ¿Piensas que nosotros como artistas debemos asumir alguna postura de lucha más comprometida en contra de la corrupción y las injusticias que golpean nuestra sociedad?
La opción de luchar contra los males sociales es independiente de la función del escritor. Cada escritor esta en derecho de decidir si prestar o no su arte a favor de una lucha social específica. No veo nada malo en que un artista decida separarse de todo esto y vivir en una especie de burbuja o de simplemente quedarse al margen. Eso no cuestiona su papel de escritor, sino su papel de ciudadano.

Ahora, me parece imposible que puedas vivir dentro de una sociedad sin que lo que pase en ella te afecte, sea bueno o malo. Y usualmente el escritor expresa eso criticable a través del único vehículo que conoce que son sus poemas, sus cuentos o sus novelas. Una denuncia al mal que desde su punto de vista afecta la sociedad donde vive.

El tiempo es un factor determinante en tu poemario y está presente de alguna u otra forma en tus versos. Ese tiempo que detiene las cosas, las deja inconclusas o las precipita hacia un final que quizás no sea el deseado. ¿Cuál es tu visión y filosofía del tiempo?

El tiempo es un dictador. Ahí está y nada podemos hacer sobre él, aunque él sí puede hacer sobre nosotros. No hay manera de aprehenderlo ni de detenerlo. Supongo que escribir sobre él y en torno a él es darme un chance ilusorio que puede detener en las palabras la imagen, el llanto, la sonrisa, el pesar o el asombro que, irremediablemente, el tiempo se llevará.

Tu poemario rezuma melancolía, contiene cierta tristeza pero sin llegar al desgarre o la desesperación. Uno siente que de alguna manera quieres dejar abierta una ventana a la esperanza. Eso lo sentí en varios textos y de manera más tangible en tu poema Credo en el que dices: "Te creo, vida, aunque muera en el intento". ¿Qué tan importante es para ti dejar abierta esa ventana a la esperanza?
Eduardo Galeano dijo en algún momento que la utopía nos sirve para caminar. Creo que es importante siempre dejar un espacio para ver el vaso medio vacío lleno después de verlo medio vacío. La vida no es blanca ni negra. La veo más bien como una amalgama de grises, como son los seres humanos, ni santos ni pecadores. Así que si la vida es como nosotros. Siempre habrá espacio para la luz dentro de las tinieblas.


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